El Rosario es la mayor oración para alcanzar la paz

Los graves desafíos que enfrentamos en el mundo desde inicio de este nuevo milenio, nos llevan a pensar que sólo una intervención desde lo alto, capaz de guiar los corazones de quienes viven en situaciones de conflicto y gobiernan los destinos de las naciones, puede dar motivos para la esperanza, por un futuro más brillante.

El Rosario es por naturaleza una oración por la paz, ya que consiste en la contemplación de Cristo, el Príncipe de la Paz, el que es 'nuestra paz' (Efesios 2, 14). Es para cualquiera que acoja el misterio de Cristo. Este es claramente el objetivo del Rosario: Aprender el secreto de la paz y convertirlo en el proyecto de su vida.

Por otra parte, en virtud de su carácter de intercesión, con la sucesión de Ave Marías, el Rosario tiene un efecto pacífico sobre aquellos que lo rezan, disponiéndolos a recibir y experimentar en sus profundidades más íntimas, y para difundir a su alrededor, la verdadera paz, que es el don especial del Señor resucitado (cf. Juan 14, 27; 20, 21).

El Rosario es también una oración por la paz por los frutos de la caridad que provoca en nosotros. Cuando se reza bien, llevándonos a meditación, el Rosario lleva al encuentro con Cristo en sus misterios y no puede menos de movernos a ver el rostro de Cristo en los demás, especialmente en los más afligidos. ¿Cómo es posible contemplar el misterio del Niño de Belén, en los misterios gozosos, sin experimentar el deseo de acoger, defender y promover la vida, y de ayudar a los niños que sufren en todo el mundo? ¿Cómo seguir los pasos de Cristo Redentor, en los Misterios Luminosos, sin dar testimonio de sus bienventuranzas en el día a día? ¿Y cómo podría uno contemplar a Cristo llevando la cruz y a Cristo crucificado, sin sentir la necesidad de actuar como un 'Simón de Cirene' para nuestros hermanos y hermanas agobiados por el dolor o aplastados por la desesperación? Por último, ¿cómo podría uno contemplar la gloria de Cristo resucitado o de María, Reina del cielo, sin anhelar hacer este mundo más hermoso, más justo, más acorde con el plan de Dios?

En una palabra: Al centrar la mirada en Cristo, el rosario nos hace también artífices de paz en el mundo. Es una respuesta en comunidad, como Iglesia, a la invitación de Cristo de 'orar incesantemente' (Lucas 18, 1), el Rosario nos permite esperar que, incluso hoy, es posible ganar la difícil batalla por la paz. Lejos de ofrecer una escapada de los problemas del mundo, el Rosario nos obliga a verlos con ojos responsables y generosos dándonos la fuerza para afrontarlos con la certeza de la ayuda de Dios y la firme intención de testimoniar en cada situación el amor, que une todo en perfecta armonía (Colosenses 3,14).

Beato Juan Pablo II, Carta Apostólica, Rosarium Virginis Mariae